2.-Si piensas darle el avión a tus superiores y darte el lujo de no hacerles caso, vete inscribiendo a un gimnasio. Y si no, también. Los sargentos segundos tienen la macabra idea de que la solución a toda "indisiplina" son las lagartijas. Para que despues no te quejes de que todos los remedios caseros de tu familia incluyen crema para hemorroides y limón... de preferencia consiguete uno de esos calzones que tienen nalgas falsas.
3.-Dime vaquero. Digo, sargento... Aprenderte los grados militares te puede ahorrar un disgusto: según la legislación militar todo inferior al dirigirse a un superior debe anteponer el posesivo 'mi' al título de empleo que este tenga. Dicho de otro modo, dirígete con respeto o puedes meterte en problemas de jurisdicción militar (gulp). Puedes memoriarte las insignas distintivas de los grados militares en México usando este acordeón ilustrado (que, por cierto, también pueden servirte como tema de conversación al fanfarronear con una chica) o puedes disimular tu Alzheimer juvenil llamando 'Mi comandante' a todo rango superior al soldado razo.
4.-Usa la fuerza... Decide desde antes de ir por primera vez si vas a desertar o no y apégate a tu desisión. Si te decidiste por ambas (?) aprovecha tus habilidades: habrá veces en que los militares buscarán "un rotulista" (un pintor de brocha gorda que pueda escribir letras en una pared o manta), "un ingeniero en sistemas" (alguien que sepa decirles que la computadora esta lenta por el antivirus) o, peor aún, un "botánico" (alguien que sepa hacer abono). Cuando pidan algo que sepas hacer o que sepas fingir que sabes hacer, pasa al frente y disfruta de una tarde lejos del sol.
5.-Presta mucha atención y si tienes dudas guardatelas... o preguntale a tus compañeros, la mayoria de las historias del servicio comienzan con "Y cuando preguntaron... ¿Está Claro?... un pendejo preguntó..."
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